Que de tí nací, que de tí crecí, que de tí soy; y soy lo que tú me enseñaste. Que de tí aprendí, que de tí viví, que de tí estoy; y estoy por tú levantarme. Que de tí tengo, que de tí me sostengo, que de tí permanezco; y permanezco en este mundo por tu fuerza implacable. Que por tí lucho, que por tí cuido, y que por tí, pintora de la vida, viviré como persona, soñaré como artista y moriré en libertad.
Lanzo al aire una moneda de doble cara y una sola respuesta, que a raíces ortopédicas de futuros versos remarco en posesión como si fuera del destino la única oferta.
Parte 1 - Desde los distantes cirros En instinto me visto de bolinche por la en mis huesos aflicción siendo alérgico a la humedad de tempestades sine qua non. Ruedo alado, tuerto de brazos, por esas nubes que distante me hacen. A vista de águila os observo, que no admiro, entre rendijas cachondas de cúmulos esponjosos; y el tiempo apresado, funcional en su trabajo, muestra medio vizco un indigno legado. Parte 2 - Adaptados a la constante Los tantos contratiempos que carentes reñimos son éstos hojas de troncal que secos dejan de parirnos. Los podemos, firmes, añicar con tan solo cerrar el puño y moler hasta abortar arenillas del perturbado minutero tozudo; y soplar en nuestras manos festejando a despedida poética, como meollos en un arroyo de gracia seducidos por su fuerza magnética, erradicando en él nuestro ser y estar, para dejar de ser y para dejar de estar volviéndonos capaces en valentía de capar la endiablada ansiedad. Parte 3 - Somos nuestros problemas Ansia nuestra en sayó...
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