Paraíso etílico

Una jungla de llaves inservibles
elevada a serpientes de cebada
amonesta al vicio vacío vencido
a dentelladas de burla caducada.

Pierde en verbo la herradura
que hace plano el misterio
y en silla de nadie muere madura
quemando tardío el mechero.

Hace del fracaso pedazos
y en el infinito ella fisgonea
cruzando rectos garabatos
a catalejos de mirada atea.

De luto sus caricias aniñadas
y de estrella dormida su ladera 
son las voces de boca clavada
que viva canta su alma en pena.

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