De los pequeños detalles, la cabeza sobrevive

Siempre digo una menos
y cada día es una más.

Me puede el vicio
en una redondela
de abrasada
capilla
que
peinada con lazo rosa
rodea un hedor a maldad.

Me puede la ira
y me hace ser héroe
que conspira
atrasado y hermitaño
en un papiro achicado
y lastrado
por una sociedad
que dice
que estar triste
es cosa de amargados.

Y yo, 
en humilde portento
digo que si ser feliz
es ser arrastrado
por las masas
de vista consumista
y orejas envidiosas...

Mejor
me pierdo en la cobardía,
poderosa ella
desde mi punto de vista,
por ser obesa y obediente
de codiciosa pero simple
necesidad esencial,
su respirar
que de a poco
en sus pequeños detalles
olvidadizos pero gratuitos
nos da
la imperfecta simpleza
de que al no ser nada
sentimos tener más. 

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